Pura Tierra

15 05 2009

Este era un restaurant que tenía pendiente visitar hace mucho tiempo. Un par de veces hice el intento, pero cuando llamaba para reservar, nunca conseguía lugar. Esta vez, viendo que mi día de trabajo terminaría -nuevamente- tarde, era viernes y esos días tengo descuento del 20% con mi tarjeta del Banco Francés, y sumándole la cercanía impensada del restó con la oficina (sólo 3 cuadras), atiné a ser un nuevo intento por conseguir una mesa. Esta vez se dio (quedaba un living o mesa afuera, y como la seguridad hoy en día no es lo que abunda, preferí comer algo incómoda en el living a un posible intento de arrebato afuera).

“Pura Tierra” es el restaurant de Martín Molteni, conocido chef argentino, salido de esa camada de jóvenes chef como Narda, Fernando Trocca, etc., que impulsaron una nueva gastronomía en el país. Su restó justamente propone una cocina de autor basada en el cuidado y selección de las materias primas con las que trabaja de acuerdo a la calidad de los productos disponibles en el mercado. La base de los productos que utiliza en la cocina son principalmente autóctonos, pero con una vuelta creativa en cuanto a la combinacion de texturas y sabores.

El lugar es una casa antigua reciclada. Posee una cálida y delicada decoración (varias pinturas que cuelgan de las paredes de cemento o ladrillo a la vista) e iluminación (grandes arañas). Hay una barra en la entrada, y un amplio ventanal antiguo desde el cual se puede ver la zona de producción de platos. Además se puede observar el horno de barro perteneciente a una pizzería que funcionba allí, que se mantuvo y desde el cual salen varios de los platos de la carta. Una pizarra es la encargada de anunciar los platos del día.

Ahora hablemos de los platos… Del menú de entradas nos llamó la atención la llama, así que decidimos compartirla. De principal yo elegí el cordero y Jime los agnolottis de ciervo. Para tomar? Un Callia Magna Syrah, y un agua sin gas. Mientras esperábamos la llama, nos trajeron la panera acompañada de 3 diferentes tipos de patés para untar (hongos, calabaza, berenjena…). Además, antes de que llegara la entrada, nos acercaron un sorbette muy suave y delicioso (perdón, no logré retener los ingredientes!).

La llama estaba acompañada de unas verduras asadas, un polvo de naranja y una espuma de huevo. La carne era algo dura, de un sabor no muy marcado. La verdad es que era la primera vez que probabamos este tipo de carne, asi que no sabríamos decirles si la cocción era la correcta o no. Como experiencia, algo nuevo y diferente para probar, pero nada que nos haya vuelto locas.

De los platos principales, vale destacar los agnolottis de Jime. Muy sabrosos, la pasta a punto, y el fondo de cocción que lo acompañada delicioso. Mi cordero (venían 3 diferentes cortes), se quedó algo atrás… Le faltaba ese sabor salvaje que suele tener este animal, y de cocción creo que estuvo unos minutos de más… Ya lo sé, suelo ser mi exquisita y exigente con este plato, pero no puedo evitarlo, para mi el cordero es sagrado…

De postre, compartimos unos zapallos en almíbar muy sabrosos, de textura bien carnosa… Un postre clásico, sutilmente dulce, que agradezco se siga manteniendo en las cartas de los restaurantes porteños.

Deberemos volver, ya que el lugar sabemos tiene mucho más para dar, y no queremos quedarnos con esta pequeña espina en el camino…








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